¡NO hagas dieta!

"Adiestrando la voluntad con culpa..."

Explorando mi relación con la comida me di cuenta de cómo la “mentalidad de dieta” contribuyó a agravar mi lucha con la comida y a utilizar la fuerza de voluntad o el control para regularla.
Descubrí que me relacionaba con la comida del mismo modo que lo hacía con las demás personas y con el mundo, me “tragué” todas las reglas externas que provenían de las dietas restrictivas, eliminado grupos enteros de alimentos, contando calorías, controlando hidratos, etc, etc, etc. Y una relación basada en reglas externas sin tenerme en cuenta me llevó a desconectarme más y más de mi cuerpo, de mis necesidades físicas y emocionales reales.
Estar a dieta es “etiquetar a los alimentos como buenos o malos, es decidir qué, cómo y cuándo comer dando un valor moral a mis decisiones (forma correcta o incorrecta de actuar), es decir, si sigo la dieta me porto bien y si no la sigo me porto mal. Estar a dieta es tener una relación emocional con la comida basada en la culpabilidad fruto del cumplimiento o no de esas reglas externas.
Y cuanto más eliminaba, restringía o controlaba los “alimentos prohibidos”, más los deseaba, más aumentaba la “mentalidad de dieta” (todo o nada). Y claro inevitablemente rompía las “reglas de la dieta, una de esas reglas, uno de esos “debería comer o no debería comer”... La prohibición y la culpa me llevaban a comer de forma compulsiva: DESCONTROL = ATRACÓN = NO TENGO FUERZA DE VOLUNTAD (DEBERÍA PODER CONTROLARME y SEGUIR LA DIETA) = CULPA. Círculo vicioso del que me resultó muy difícil salir.
Además, biológicamente nuestros cuerpos y cerebros no están preparados para resistir ante la abundancia de la comida. La idea de estar a dieta va en contra de nuestro imperativo biológico que es SOBREVIVIR. Apelar aquí a la fuerza de voluntad es un mito, no tiene sentido ir en contra de nuestras tendencias naturales. En muchas ocasiones lo único que conseguimos al hacer dieta es ganar más peso que el que teníamos, nuestros cerebros están tan adaptados a buscar alimento que cuando lo restringimos se crea una respuesta psicológica en forma de estrés que al final acaba favoreciendo la ganancia de peso.
Durante mi proceso de recuperación aprendí que "Alimentarse significa escuchar a nuestro cuerpo, a nuestras señales de hambre y saciedad y manejar nuestras emociones sin necesidad de recurrir a la comida como vía de escape”. No se trata de una dieta sino de un proceso, re-conectar con nuestro cuerpo entendiendo las señales que lanza nuestro organismo, libre de los convencionalismos sociales (reglas externas) que las silencian, provocando ansiedad, malestar y una relación poco natural con la comida.
¡QUE LAS DIETAS NO FUNCIONAN ES UNA OBVIEDAD! Pero beneficia enormemente a la industria...


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