Rompiendo promesas

"El poder del enfado..."

A medida que iba avanzando en mi formación como Terapeuta Gestalt, me daba cuenta de que cada nuevo taller que realizaba contenía toda la información y experiencias propias, pero que a su vez acumulaba todas las de los talleres pasados. Realicé en un nuevo fin de semana el de “Situaciones inacabadas”, que con tan sólo leer el título un cierto pellizco en el estómago me hacía intuir que iba a ser potente.
Con expectación por conocer a la docente internacional Yolanda Coggiola (Terapeuta Gestalt, Dra. en Psicología y Psicoterapeuta, Consteladora familiar, directora del Centro de Terapia Gestalt y Sexualidad de México, Asesora de diversos Hospitales en México D.F., con toda una vida de experiencia gestáltica) de la que tanto me habían hablado.
Y sí, doy fe que es de esas terapeutas con las que te quedas con la sensación de que algo “mágico” sucede cuando interviene haciendo sencillo lo complejo, demostrando que la presencia es la máxima herramienta de la que disponemos, y que si confiamos en el ser humano la “magia” surgirá de dentro suyo para mostrarle lo que necesita hacer.
Tenía muy presente en ese taller el gestaltzasca del anterior de “Polaridades”, donde aprendí a darme permiso para “poderme enfadar”, lo que no imaginaba es que en este iba a descubrir de dónde venía el mensaje que me lo impedía, el “tengo que ser bueno, no puedo ser malo” tenía su origen.
Con las dinámicas que nos proponía Yolanda, me iba dando cuenta de que solía evitar el conflicto y con ello dejaba temas abiertos (situaciones inacabadas), de que rechazaba el enfado sistemáticamente como patrón de conducta y de “la promesa” que me hice siendo niño: “Yo nunca voy a ser igual que mi padre, no quiero tener su malhumor, ni enfadarme, ni gritar, ni dar miedo…”.
Fue entonces cuando Yolanda se acercó y con una mano sobre mi hombro derecho me dijo: “Si mantienes las promesas que te hiciste cuando eras niño, mantienes también la forma infantil de relacionarte y no te permites ser un hombre. Es momento de romper tu promesa y... crecer ”.
¡MEGAGESTALTZASCA! Sí, yo no sabía tampoco que los gestaltzascas podían llamarse unos a otros y comportarse como un gestaltzasca con efecto dominó. Resulta que esas palabras activaron la conexión entre todos los gestaltzascas que hasta ahora había tenido, produciendo como un tsunami de insights al que bauticé como megagestaltzasca por contener agrupadas todas las respuestas que mi formación en Terapia Gestalt me había proporcionado hasta entonces.
Pude entender entonces el peso de esa “promesa”, de la que probablemente fuera el principio de mi dificultad ante la expresión de emociones de rabia, enfado, … que solía inhibir, porque no quería comportarme como mi padre, tal y como “me prometí”. No me daba cuenta de que sin esa emoción del “enfado”, sin esa poderosa herramienta en el mundo de los adultos, no iba a poder poner límites.

Gracias Yola… ya me hice mayor.


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