Aprendiendo a despedirse

"Vivir no es tan sólo soltar, sino aprender a despedirse."

A partir del momento en que nacemos vamos enfrentándonos a situaciones de “pérdidas”, donde “dejamos”: cosas, situaciones, relaciones, etapas, años, trabajos, salud… y lo que más nos duele, seres queridos.
Nuestra vida pasa como un continuo duelo, en el que pocas veces nos enseñan a gestionarlo, siendo habitual escuchar el mensaje casi a modo de mandato: “Tienes que superarlo ya! La vida es así!” y justo cuando estamos en plena experiencia dolorosa.
La semana pasada, en uno de los talleres grupales en los que participamos para acompañar a personas que transitan por una situación de duelo, uno de los integrantes pidió al grupo que “Por favor no utilizáramos la palabra muerte, que prefería que en su lugar dijéramos se ha ido o marchado”. Automáticamente recordamos una anécdota personal que quisimos compartir con el grupo:
Hace un tiempo, visitamos a unos amigos porque acababa de fallecer uno de sus padres. Tenían un hijo de 7 años, al que le estaban explicando que el abuelo se había ido al cielo… el niño nos miró extrañado y preguntó al instante: ¿Y cuándo vuelve?... sus padres se quedaron pasmados ante tal pregunta llena de lógica, y que personalmente a nosotros nos recordó la importancia de educar sin querer evitar el sufrimiento, la frustración o el dolor, ya que es una parte que aunque no nos gusta, nos va a acompañar también durante toda la vida.

Se trata de no crear ningún tipo de confusión ni expectativa imposible, explicando a los niños lo que es una pérdida, un duelo, el dejar ir o aprender a ir soltando, desde la naturalidad del proceso de vivir. Si cuando alguien muere decimos un “se ha ido, se ha marchado…” podemos dejar abierta la esperanza de que vuelva y mientras esto sea así, no podremos iniciar un proceso de duelo.

Fue un bonito y curioso “darse cuenta del grupo”, ya que desde entonces los participantes están empezando a llamar a su pérdida por su nombre… cada uno a su ritmo.
Nosotros creemos que es importante saber “soltar”, ya que cuando tenemos una pérdida no nos queda más remedio que “dejar ir”, incluso de manera forzosa porque muchas veces no podemos elegir, la vida nos lo “impone”. Y también creemos que, es importante saber decir Adiós a lo que ya no va a volver. Por eso nos gusta decir que: VIVIR NO ES TAN SÓLO SOLTAR, SINO APRENDER A DESPEDIRSE, entendiendo la despedida como un delicado equilibrio entre mantener y soltar, en el que vamos a ir asimilando en la ausencia cómo algo de ellos (sea persona o situación) nos ha impregnado y cambiado, además de que nos va a ir acompañando a lo largo de nuestra vida.



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