Cuento gestáltico para Nochevieja

"REENCUENTRO DE NAVIDAD"

Después de años de sufrimiento, acostumbrado a la compañía diaria de la ansiedad, con la presión de tantos temas sin resolver, sin entender lo que le sucedía y cómo había podido llegar a esa situación, no sabía ya quién era, ni lo que quería, estaba tan agotado que aún siendo Nochevieja decidió irse a dormir bien pronto, no tenía nada que celebrar ni esperaba nada mejor para el próximo año. Sólo quería dormir, poder desconectar de su realidad como mínimo durante unas horas como venía haciendo desde hacía muchas noches, tantas que ya había perdido la cuenta.
Esta vez había hecho algo diferente, decidió no poner buena cara al mal tiempo y pesara a quien le pesara, no quedó con nadie, ni con familia, ni con amigos… no le apetecía seguir demostrando a los demás que no le pasaba nada. Estaba triste y abatido, y las únicas explicaciones que dio fue un:
–No me apetece. Necesito estar solo y descansar –
Esa Nochevieja de 2019, bien prontito se fue a dormir tras haber engullido casi sin saborear la pizza que se pidió, últimamente no le apetecía ni cocinar y la comida rápida le proporcionaba un alivio temporal, llenando momentáneamente su vacío existencial. Se metió en la cama, suspiró profundamente como si se pudiera deshinchar y quizás así soltar un poquito de ansiedad. Cerró los ojos y lanzó un grito de socorro hacia dentro a modo de casi una oración desesperada:
–Si hay alguien ahí que me escuche por favor ayúdame, necesito estar en paz y equilibrio … no puedo más… –
Pasada media hora la pastilla de la noche hizo su efecto y se durmió casi sin darse cuenta, sumergiéndose en un necesario estado de evasión de su amargo subsistir.
Y llegó la medianoche… ¡Ding, dong! ¡Ding, dong!... el reloj de pared del salón sonó como de costumbre, aunque él no lo escuchaba nunca gracias a su anestesia antiansiedad. Pero esa noche fue distinto, se despertó sobresaltado con la última de las 12 campanadas, la que marcaba el final del año viejo y el principio del nuevo. Sonó especialmente fuerte, ya que se unió al sonido del timbre de la puerta: ¡DING, DONG!, eso lo sacó de su profundo sueño además de parecerle haber escuchado que alguien le llamaba por su nombre…
–¿Si? ¿Hay alguien ahí? –Respondió asustado, mientras se iba acercando sigilosamente a la puerta. Una vez allí miró por la mirilla y observó en la penumbra del rellano una figura humana encapuchada que parecía cargar con algo voluminoso:
–¿Hay alguien ahí? ¿Quién es? ¿Me has llamado? –Preguntó de nuevo asustado.
–¿No me ves? ¡Claro que hay alguien aquí y ahora! Y no, yo no te llamé tú me has llamado antes pidiendo ayuda –Obtuvo como rápida respuesta de una voz suave y femenina pero firme.
–¡Eso es imposible! Yo no he hablado, tan sólo lo pensé hacia dentro… –Dijo ahora más sorprendido aún.
–Soy tu vecina de enfrente, estaba cenando y escuché tu petición de ayuda, algo así como “necesito estar en paz y equilibrio” ¿no? – Respondió de nuevo.
–¡No me lo puedo creer! Estoy seguro de que no hablé… – Seguía insistiendo.
–Bueno da igual, serán cosas del “campo” que yo he percibido –Murmuró.
–¿Del qué? ¿del campo? –Exclamaba más intrigado aún.
–Mejor no te lo explico aún, va a ser complicado que lo entiendas… en definitiva, si necesitas ayuda ábreme… si quieres claro – Le dijo ahora esquivando dar demasiadas explicaciones.
Y aunque totalmente atónito, abrió. Se encontró con una mujer vestida de negro con capucha y guantes para protegerse del frío, cargando a sus espaldas 3 sillas de madera.
–Buenas noches y feliz año nuevo. Como te he dicho soy tu vecina de enfrente y acudo en respuesta a tu necesidad. Me llamo… mmmm… ¡es igual, no importa!. Soy Terapeuta Gestalt y si quieres puedo acompañarte en la búsqueda de paz y equilibrio contigo mismo, en el camino hacia tu reencuentro. Para abreviar, me puedes llamar Peachegé – Se presentó así.
–¿Peachegé? ¿Terapeuta Gestalt? ¿Eso de las embarazadas? – Seguía preguntando.
–¡Buf… madre mía! Otro que lo confunde… Pues de gestación va y de nacimiento también, pero no de bebés, sino de ti mismo. Pero no importa… esto funciona como con los vampiros, ¿Me das permiso? ¿Me dejas pasar? Si tú no quieres ser ayudado, yo no puedo hacer nada –Insistió.
Todo y parecerle una situación de lo más extraña, decidió que no tenía nada que perder por intentarlo y la dejó pasar. Fueron hacia el salón, allí Peachegé dejó las sillas colocadas de una forma especial y le invitó a sentarse en el sofá junto a ella.
–Te voy a proponer una cosita… ¿Tú has leído el famoso Cuento de Navidad de Charles Dickens? –Preguntó ahora.
–Pues sí, creo… ¿Ese de los fantasmas que visitan en Navidad a un viejo avaro? – Afirmó.
–Ese mismo. Imagina como si yo fuera el espectro que aparece y que te dice que en el transcurso de la noche van a visitarte 3 presencias acompañándote hacia el pasado, presente y futuro, y así quizás encontrarás la paz y equilibrio que anhelas. Yo estaré a tu lado en todo momento, no te voy a abandonar pero no podré hacer ni decir nada que tan sólo te corresponda a ti. Para ello he colocado 3 sillas vacías: una mirando hacia atrás, tu pasado; otra hacia enfrente: tu presente; y la última hacia delante, tu futuro. Sobre ellas trabajarás según mis indicaciones. ¿Quieres hacerlo? –Explicó detalladamente Peachegé.
La respuesta fue un rotundo SÍ, pasara lo que pasara sería mucho mejor que lo que había sucedido hasta ahora, y ya estaba cansado de aplicar el maldito refrán de “Más vale malo conocido que bueno por conocer”.
Y así procedieron, tras sonar un nuevo ¡Ding, dong! del reloj del salón que marcaba la una, Peachegé dijo representar al espíritu del “ayer” e hizo que desfilaran por la silla vacía del PASADO todas las personas y “fantasmas” significativos de su vida, con las que tenía asuntos inconclusos, cosas no dichas o emociones no expresadas, los miedos… y con las que pudo hablar y manifestar todo aquello que sentía y necesitaba decirles. Pudo liberarse así de lo bloqueos emocionales que llevaba años cargando. Por primera vez en su vida, empezó a notar la paz.
Sonaba ahora el reloj de nuevo marcando las tres de la madrugada, todo y que le parecía que había pasado mucho más tiempo, días, semanas o incluso meses. Entonces Peachegé representó el papel del espíritu del “hoy” y le indicó que iban a trabajar con el PRESENTE, que se sentara en la silla vacía central, la que miraba enfrente. Solamente había unas palabras prohibidas que no podría pronunciar: bien/mal, mejor/peor, bueno/malo. Fue en esa posición donde experimentó la fuerza del Aquí y Ahora respondiendo a las preguntas que le formulaba Peachegé, como:
–¿Qué sientes? ¿Dónde lo sientes? ¿Cómo estás? ¿Cómo respiras? ¿Qué te ocurre? ¿Qué haces? ¿Cómo lo haces? ¿Cómo evitas hacerlo? ¿Qué te gusta de ti? ¿Qué no te gusta de ti? ¿Qué necesitas? ¿Qué deseas? ¿Para qué te sirve? ¿Qué recursos tienes? ¿De qué estás hecho? ¿Dímelo en primera persona? ¿Quieres? ¿Puedes? ¿Te atreves?... –
Pudo entonces enfatizar en lo espontáneo, ser más consciente, conectar con sus necesidades y emociones, aceptar tanto lo que le gustaba como lo que no de si mismo, mejorar la autoestima… y ganar así en bienestar, armonía y EQUILIBRIO (mental, corporal y emocional). De esta forma aprendió a encontrar sus propias respuestas, así como a utilizar sus recursos disponibles (hasta ahora desconocidos) para desarrollar las soluciones necesarias ante las demandas que le exigía el mundo.
Ya casi finalizada la larga noche, con la sensación de que hubiera pasado mucho pero que mucho tiempo, Peachegé encarnando la figura del espíritu del “mañana” lo invitó a sentarse en la última silla vacía, la de FUTURO que miraba hacia delante dándole las siguientes indicaciones:
–Cierra los ojos… respira profundamente, conecta con tu respiración. Siente la PAZ de no tener “asuntos pendientes”, de haber ACEPTADO lo que no se puede cambiar… ánclate al momento PRESENTE, que es lo único que existe y el único lugar desde donde se puede hacer algo, siente la fuerza y EQUILIBRIO que proporciona sentirte vivo AQUÍ Y AHORA… –
Así lo hizo y empezó a experimentar una sensación que jamás había sentido, una plenitud que lo inundaba… emocionado podía sentir por primera vez la PAZ y el EQUILIBRIO… mejor dicho, él estaba siendo paz y equilibrio justo en ese momento.
–Si miras ahora hacia delante, podrás vislumbrar en el fondo tu FUTURO, lo que te va a suceder – Indicó de nuevo Peachegé –¿Qué percibes? – Preguntó entonces.
–Nada y todo… principio y final… vacío y plenitud… preguntas y respuestas… miedo y valor… si lo tuviera que resumir en una sola palabra diría: INCERTIDUMBRE… –Contestó muy pausadamente.
–¡Eso es! Estás observando lo que los Terapeutas Gestalt llamamos el vacío fértil, donde todo está hecho y a su vez por hacer… donde reina la INCERTIDUMBRE, que en definitiva es… la VIDA. Y aquí y ahora, desde la PAZ y el EQUILIBRIO puedes mirarlo con confianza aunque sientas una mezcla de vértigo y expectación. – Concluyó Peachegé.
La intensa noche finalizó así, se despidieron con un cálido abrazo y exhausto se metió en la cama con la necesidad de destilar en sueños todo lo que había podido experimentar esa Nochevieja de 2019 tan diferente, con la rara sensación temporal de que hubiera durado años.
“Pipipiiií, pii, piiiii… Pipipiiií, pii, piiiii…”. El despertador lo sacó de su profundo sueño al día siguiente, lo apagó, se revolcó unos instantes más en las sábanas mientras aún en ese estado de ensoñación pensaba:
–Que sueño más raro he tenido esta noche… parecía tan real, ha sido como una especie de déjà vu… ¿Cuento de Navidad? ¿Un espectro? ¿Peachegé? ¿Espíritus? ¿Sillas vacías? ¿Presente, pasado y futuro?... –
Sin llegar a estar despierto aún, aturdido, repasando mentalmente la noche, no siendo consciente del todo de lo que era realidad o ensoñación, se levantó de la cama, preparó un buen café y mientras lo saboreaba encendió como de costumbre un ratito la radio:
–“Buenos días y ¡FELIZ AÑO NUEVO 2023! para todos los oyentes…” – Dijo el locutor.
Un sobresalto lo acabó de despertar de golpe, dejó de beber el café y exclamó:
– ¿¡ 2023 !? –
Reconectó rápidamente con la realidad, por unos instantes su sueño lo había desplazado a la Nochevieja del año 2019 y había despertado con la sensación de seguir en esa época. El 2020 representó un año muy importante para él, fue cuando decidió comenzar su proceso de acompañamiento terapéutico y ya habían pasado 3 años desde entonces, no había sido fácil, fue doloroso pero por primera vez en toda su vida empezaba a reencontrarse consigo mismo.
Y justo ahora había tenido ese “sueño”, como si de un resumen de todo el proceso se tratara, a modo de un gran “insight”, “darse cuenta”, “encaje de piezas”, “gestaltzasca”… tal y como ya estaba acostumbrado a tener en terapia. Pero este era diferente, ponía orden y le proporcionaba una comprensión a todo el proceso y a toda su vida, de tal manera que no podía ni explicar con palabras.
–¡Que ganas tengo de acudir a la cita de esta semana con mi Terapeuta!, para poderle explicar el sueño… – Se dijo a si mismo reflexionando.
Y automáticamente sus ojos se iluminaron, se emocionó, una mezcla de alegría y tristeza lo invadieron, se dio cuenta de las palabras que había pronunciado… justo las que su Terapeuta le había dicho que marcarían el final del proceso terapéutico… justo cuando TUVIERA GANAS DE IR A TERAPIA. Y ese día había llegado, era la primera vez en 3 años que tenía ganas de ir y sabía que iba a ser la última, aunque una mezcla de vértigo y expectación revoloteaban por su estómago.
Suspiró profundamente y con el sabor salado de las lágrimas que caían por sus mejillas se dijo a modo de cierre:
–Ahora estoy en paz y en equilibrio, ya tengo mis propias herramientas y el autosoporte necesario como para poder sacar mis propias conclusiones y así sostener… la INCERTIDUMBRE –


Esta es la forma que hemos escogido desde Acompañados para desearos a tod@s, especialmente a pacientes y Terapeutas, un nuevo año 2020 de REENCUENTRO contigo mism@, lleno de PAZ con el pasado, EQUILIBRIO en el presente e INCERTIDUMBRE/VIDA para el futuro.


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