¿Qué necesitas "realmente"?

"¿Cuándo comienza el proceso terapéutico?"

El Terapeuta estaba enfrente del cliente, en silencio, mirándole fija y dulcemente a los ojos, haciéndole sentir que estaba totalmente para él, cuidándolo, acompañándolo, con su sonrisa, con sus gestos, con sus palabras, con su presencia. Esta era la tercera sesión, llevaban ya un par de ellas donde el cliente no paró de hablar de todas las personas significativas de su vida (“los otros”) y explicar muy razonadamente el “cómo” lo hacía para gestionar a la perfección sus sentimientos y emociones, o que en todo caso la “culpa” de lo que le pasaba era de esos “otros”. Lo tenía todo “controlado”, no le pasaba aparentemente “nada”… a él, podía sobrellevar cualquier situación sin derrumbarse, siendo fuerte como le habían “enseñado” desde muy pequeño, un padre violento y una madre ausente emocionalmente habían sido unos buenos maestros.
Ahora ya de mayor, estaba acostumbrado a ser autosuficiente a todos los niveles, cuidando a los demás porque él estaba más o menos “bien” y son ellos los que estaban “peor”, por eso creía que precisaban de alguien como él para que los atendiera a pesar de tener que renunciar a sus propias necesidades… (así se lo agradecerían, queriéndolo más y quizás todo lo que no lo habían querido cuando era un niño).
Después de un nuevo discurso muy serio, “profesional” y convincente, evitando a toda costa ser un paciente (“El que padece o sufre”) delante de un Terapeuta (“El que cuida, atiende o alivia el sufrimiento”), este último apartó por primera vez su mirada fija, descansó sus ojos unos instantes en el suelo como si allí estuviera escrito lo que en breve iba a pronunciar, entrecruzó sus manos y dedos, respiró profundamente para sentir y percibir en su interior lo que le estaba ocurriendo, y finalmente retomando la mirada directa a los ojos le dijo al paciente:
“Tengo la sensación de que no me necesitas para nada, de que tú te lo guisas y tú te lo comes, de que yo no puedo hacer nada por ti… si quieres que te ayude, vas a tener que decirme QUÉ NECESITAS DE MI y PEDÍRMELO”.
ME quedé bloqueado, dejé de respirar, en MI mente había una lluvia de pensamientos, de información, sentía una tormenta de sensaciones y emociones… todo ello se iba encajando como un puzzle pero de forma instantánea, entendí de una forma “no racional” lo que había sucedido, no tan sólo en ese instante, sino durante toda MI vida (fue lo que yo ahora llamo #gestaltzascas)… pareció pasar una eternidad y cuando ME di cuenta de que ME faltaba el aire, exhalé, volví a inhalar oxígeno para tener las fuerzas y valor necesario para poder pronunciar unas “extrañas” palabras para MI, ME temblaba la barbilla, la voz se ME entrecortaba, mis ojos se iluminaron y cayó alguna “cosa húmeda” que parece ser era algo llamado lágrimas, y con una mezcla de miedo, dolor y vergüenza balbuceé:
“Ne… ne… ne… nece… nece… necesi… necesito que ME ayudes y ME enseñes a pedir lo que necesito…”.
Y el Terapeuta ME respondió: “Lo acabas de hacer… el proceso terapéutico ha comenzado.”.
El cliente o paciente era YO en uno de mis procesos terapéuticos que tuve con un maravilloso Terapeuta llamado Sergio Huguet Gaspar. Gracias Sergio, NECESITABA decírtelo así, con estas palabras…
Con esta experiencia real que viví en mi propia piel, pude entender YO (para poder entender tiempo después a mis pacientes) que: Tu proceso terapéutico COMIENZA el día en el que te atreves a pedir lo que “realmente” necesitas. Eso no significa que las sesiones previas no “sean terapia”, hasta la decisión y el acto de ir muestran una poderosa intención y el INICIO (initiare=“ir hacia el interior”), sólo que COMENZAR (cominitiare) abarca el anterior significado sumado al COM- (“junto a”), es decir “ir hacia dentro junto a”… y eso es lo que ocurre cuando “el paciente COMIENZA la terapia, a ir hacia dentro JUNTO AL Terapeuta… acompañado”.
Estas sesiones previas son totalmente necesarias para “romper el hielo”, para crear un vínculo con el Terapeuta, para confiar, para bajar la guardia/las resistencias, para “poder”, para “querer” y finalmente “atreverse”. Es entonces cuando el verdadero motivo de la terapia sale a la luz (paradójicamente casi nunca es el explícito inicial), justo cuando el paciente lo descubre y se atreve a manifestar al Terapeuta abiertamente cuál es su necesidad, sea la que sea, aunque de momento no lo entienda, aunque piense que no debería de ser así, aunque tenga miedo, aunque sufra con tan sólo pronunciarlo, aunque se juzgue, aunque no lo acepte. Y ahí se produce el “milagro”, se crea la “Alianza terapéutica” entre ellos, juntos EN y HACIA un mismo objetivo consensuado… el proceso terapéutico comienza y la crisálida se CIERRA, no será fácil, no será rápido, surgirán contratiempos y la metamorfosis será dolorosa, pero una preciosa mariposa está luchando por fabricarse sus propias alas, para poder finalmente VOLAR… libre… en paz.
El Terapeuta se encargará de proteger el espacio terapéutico interior (la crisálida), haciendo que sea seguro, íntimo, nutritivo, “sagrado” y que esté en perfectas condiciones de albergar este bonito proceso similar a un embarazo y parto, que tan sólo los que nos dedicamos a la terapia tenemos el privilegio de presenciar. L@s que nos hemos ganado las alas ya, ha sido a través de numerosos y dolorosos procesos terapéuticos, y ahora… las agitamos para ventilar el sufrimiento de quien acude a nosotr@s en búsqueda de si mism@s.


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