El baile de la vida

 

"¿Me enseñas a bailar?"

En relación con el post del viernes, recordé las palabras que escribí tras una primera sesión con una paciente/acompañante, y que me gusta escenificar en mis talleres a modo de ejemplo de situaciones frecuentes con las que nos encontramos l@s terapeutas y que seguro son similares. Quiero compartirlas con vosotr@s.
En esta sesión, la paciente habiendo manifestado lo cansada que estaba ya de “tropezarse” en la vida y harta de que la “pisaran”, con tono enfadado me reclamó:
–“¡Tú eres Terapeuta! ¡Eres el experto! ¡Dime cómo se vive! ¡Dime qué tengo que hacer para poder ser feliz!"–
Me quedé unos instantes inmóvil, mirándola a los ojos, procesando todo lo que estaba sintiendo… y entre todo lo que daba vueltas en mi cabeza, pareció sonar una música… sí MÚSICA… una pieza tan sólo musical que me invitaba a bailar… Extrañad@ pero aceptando esa situación pensé:
–"¿Estará pidiéndome eso la paciente, que “baile” con ella? ¿O que la enseñe a “bailar”?"– Y decidí hacer caso a lo que sentía…
Aunándolo todo pasé a responderle creativa y metafóricamente, considerando la vida como un “baile” y su reclamo de “ser feliz” como un querer aprender a “bailar”… a VIVIR:
Le dije muy pausadamente y mirándola a los ojos:
–"Con tu demanda, entiendo que es como si me estuvieras pidiendo que te enseñara a bailar la danza de tu vida, y si es así te quiero responder que… no conozco tu canción, ni tu música, ni tu letra, ni tu ritmo, ni tus pasos... Lo único que te puedo ofrecer es una mano donde sostenerte, acompañándote mientras... lo vas recordando”–
Ella me miró, se quedó unos instantes callada, su ceño dejó de estar fruncido, se le iluminaron los ojos y después de tragar saliva me preguntó:
–“¿Y cómo lo hago?”–
Respiré profundamente, atendí de nuevo a su petición y le respondí:
–“Puedes empezar tarareándome la melodía…”–
Y es que como Terapeutas nos puede parecer maravilloso poder acompañar a personas en el proceso de recordar cómo se “baila” su vida, si tenemos claro que no lo podemos hacer por ellas, todo y que nos lo suelen demandar en momentos de desesperación. Lo entendemos, desearíamos tener la solución, pero no serviría de nada… ya que nadie es más expert@ en su vida que un@ mism@.

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