Buscando el placer

   "¿Hablamos de sexo?"

Transcurría el tercer y último año de mi formación como Terapeuta Gestalt y, poco a poco, sentía como iba transformando mis miedos y dudas en fundamentos que me estaban conduciendo hacia la satisfacción de mis necesidades. Y es que estaba justo en el camino que quería estar, gozando del proceso de aproximación y preparación hacia mi nueva profesión y estilo de vida… lo sentía en mi pecho y en mi vientre como un aleteo de mariposas que me producía una agradable sensación de placer. Y hablando de placer, de deseo, de gozo, de satisfacción, de felicidad… que mejor temática que un taller de “SEXUALIDAD DESDE LA TERAPIA GESTALT”, facilitado por
Belén Colomina
(Psicoterapeuta Gestalt, Psicóloga clínica, Escritora, Especialista en el trabajo con niños y adolescentes, Experta en Mindfulness…).
Como claro ejemplo de lo que nos sucede con la sexualidad, en el propio taller se percibía un halo de vergüenza, miedo, excitación… sobre lo “que pudiera pasar”. Y es que tal y como nos decía Belén, a pesar de la relevancia que tiene el tema en nuestras vidas, siendo como somos seres sexuados, apenas hay educación sexual y tenemos muchas dificultades para hablar de sexo.
Nuestras “fantasías sexuales” o catastróficas no se cumplieron, ya que Belén se encargó de acompañarnos en la relación con nuestra sexualidad de una forma delicada, respetuosa, juguetona, sensual y tan llena de cariño que nos volvió a enamorar con su presencia y creatividad.
El primer zasca vino con el recuerdo de que solamente después de ser y actuar como paciente, resolviendo mis propios asuntos, puedo hacerlo como terapeuta. El sexo no va a ser más que un reflejo de los bloqueos/interrupciones en otros ámbitos de la vida de una persona, siendo los más frecuentes la vergüenza y la culpa, y especialmente estando presente en casi todos y todas el querer ser aceptados y validados.
Automáticamente apareció la vocecilla que me solía hablar diciéndome: “¿Lo ves? Si necesitas ser aceptado y validado continuamente, significa que no tienes autoestima, no te quieres, eres dependiente de la opinión de los demás… y bla, bla, bla, bla”.
Belén proseguía, como si supiera de que iba el parloteo mental que se estaba produciendo en mi cabeza, y destacó la importancia de la autoaceptación: “Cómo nos sentimos con nosotros y nosotras mismas, con nuestros cuerpos, con nuestra esencia, con nuestro ser”. Por eso nos decía que está muy relacionada con nuestra disponibilidad sexual, con nuestro deseo de celebrarnos a nosotros y nosotras mismas celebrando al otro.
Y yo continuaba con mi diálogo interno: “¿Entonces es «malo» sentir la necesidad de reconocimiento por parte de los demás? ¿«Tendría que» ser autosuficiente en este aspecto también?”.
Mientras tanto, aún en mi desdoblamiento rescataba frases del taller en voz de Belén tan contundentes como: “Desde la Gestalt, hemos aprendido a salir de la queja y de la impotencia para hacernos responsables y pasar a buscar activamente la satisfacción de nuestras necesidades y deseos, afrontando nuestro miedo… nuestra ira… nuestro dolor y también nuestro gozo y placer. Viviendo lo que nos toca vivir sin proyectar en otros lo que nos ocurre. Dejando de anestesiarnos para evitar sentir y llegando a vivir una vida más llena de energía y más cerca de la plenitud”.
Y mi voz continuaba preguntándome: “¿Y el reconocimiento es una necesidad «sana»?”.
A lo que Belén (sin saberlo) respondió: “No obstante, ser visto y reconocido por el otro, es el mayor de los placeres del ser humano y lo necesitamos en todo momento para saber quién somos”.
¡Touché! #gestaltzascas directo que puso en orden todas mis dudas, para dejar de estar en lucha conmigo mismo sobre lo que «estaba bien o mal», y lo que «tenía o no que hacer» al respecto del tema en cuestión.
Gracias Belén… recuerdo como nos dijiste también: “La FELICIDAD es un estado de calma mental y emocional”, y ahora sé que con tus palabras pude ser un poquito más feliz al calmar mi mente y emociones. Y sabes, hoy en día con mis pacientes me sigo dando cuenta de la exigencia que marca el entorno en cuanto a lo que se supone es «tener autoestima», para lo que parece ser nos marcan que no es necesario el reconocimiento del otro, sino tan sólo el propio. Por lo que entran en bucle por necesitarlo, y se sienten fatal por hacerlo. Tu frase, que les repito constantemente les aporta calma.

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