Mi abuela

 "Valeriana"

Huérfana, de nombre Valeriana (significado del latín: “fuerte y vigorosa”), como si de un estigma se tratara para la vida que le iba a esperar. Fue abandonada en un orfanato recién nacida, con la frase “Cuídenla bien, que volveremos a por ella”... pero eso nunca ocurrió. Creció con la sensación de abandono y eterna espera a que “vinieran por ella”.

A los 7-8 añitos fue adoptada por una familia, pero como antes se hacía con las niñas fue para servir. Con 15 años se queda embarazada de un primer novio, y tiene un hijo a esa corta edad, teniendo que buscarse la vida sola, ya que este novio fue a parar a la cárcel por ser carterista.
Conoce a otro hombre, parece ser que el amor de su vida, con el que se casa y tiene otro hijo. Embarazada del segundo hijo, empieza la guerra y su marido Republicano va al frente, con lo que ella decide abortar tal y como les ofrecían a las mujeres de los soldados debido al conflicto que acababa de estallar. Comunista de vocación, seguidora y compañera de la Pasionaria.
Acabada la guerra, su marido tiene que huir a Francia donde esperaban reunirse. Ella lo deja todo (piso, trabajo…), coge a los dos niños y se va a la frontera para cruzarla. La pilla la Guardia Civil cruzando los Pirineos y la obliga a regresar a Barcelona. Es allí cuando le pierde la pista a su marido, que parece ser acabó en un campo de concentración nazi, y del que no supo nada más. Ella se quedó sola, con dos niños, en la calle sin vivienda, sin trabajo, durmiendo en un portal… teniendo que hacer de todo para alimentar a sus hijos.
Conoció a otro “hombre”, fue el que la sacó de la calle con los dos niños y de esa relación (o necesidad de supervivencia) nacieron dos hijos más, un niño y una niña. Las brutales palizas de un alcohólico déspota estuvieron siempre presentes, tanto a ella como a sus hijos, más 6 abortos (provocados, de cada vez que ese “hombre” la volvía a dejar embarazada) hasta que unos cuantos años después los abandonó, para regresar en la etapa final de su vida, enfermo a que lo cuidaran para morir. Así hicieron, después de todo el sufrimiento que les había infringido, decidieron acogerlo en los dos últimos años de su vida hasta que murió… con el mismo mal genio que le caracterizó en vida.
Su hijo menor, criado en esa violencia quiso ser diferente… pero no supo cómo, lo intentó hacer pero no pudo… Casado y con tres hijos llegaba a casa siempre de mal humor, con dos copas de más, olor a tabaco y alcohol, gritos, golpes, infringiendo tal miedo que sus hijos se iban rápidamente a la cama con un nudo en el estómago, tan sólo al escuchar la llave en la puerta que anunciaba su llegada… nunca les pegó, pero no hizo falta.
Y Valeriana, ya siendo abuela cogía a su nieto en su regazo, abrazándolo, acariciándolo, dándole cariño y protección, quizás toda aquello que no pudo hacer con sus hijos porque la vida le demandó ser FUERTE, y no parar, tan sólo había que sobrevivir. Pese a una vida llena de sufrimiento, donde tuvo que ser fuerte para sobrevivir ella y sus hijos, no se resignó a lo que vivió, ni a la rabia, frustración, soledad y fue capaz ya de anciana de dar el amor, cariño y ternura que un niño necesitaba. Murió 6 meses antes que su hijo menor, la caprichosa vida quiso que se marcharan juntos en el mismo año.
Ella era mi abuela, él era mi padre.
Y un día o noche como la de hoy, quiero recordarla, quiero tener presente su historia de MUJER FUERTE Y VALIENTE, por todo lo que me dio, enseñó y mostró. Gracias a ella soy lo que soy.
Y es que gracias a mujeres como ella, los hombres podemos sanar y hoy me siento orgulloso y en paz por haber podido romper el ciclo familiar de violencia patriarcal, con el AMOR DE UNA MUJER.
💜✊🏻

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