¿Tienen emociones los animales?

 "ALEGRÍA PERRUNA"

Reencuentro después de casi cuatro meses, llevaban desde las navidades sin verse (Shiva y Aleix). Me maravilla presenciar como los perros nos reconocen con tan sólo (supongo) olernos, que es la forma particular en la que ellos nos memorizan y recuerdan en su mundo.
Y aquí tenemos un claro ejemplo de lo que son las emociones, en este caso la ALEGRÍA.

Totalmente corporal, excitación pura, es una energía que se desata y fluye sin que pueda hacer nada para reprimirla, la alegría de volver a ver al que ha sido durante cinco años su compañero de juegos, caricias, cuidados mutuos, sofá y cama, lleva a nuestro perro Shiva al lloriqueo, agitación del rabo y todo su cuerpo, corazón disparado, necesidad de contacto físico (tócame!!), … es algo que expresa sin poder resistirse a ello.

Nosotr@s, en cambio, somos capaces de reír aun estando enfadados, llorar sin sentir tristeza, así como producir bloqueos emocionales a diario, incluso de forma automática para que el o la otr@ no se dé cuenta de nuestro estado anímico, aunque con ello perjudiquemos sin saberlo seriamente nuestra "salud".

A nivel bioquímico, los animales y nosotros los humanos, tenemos básicamente las mismas respuestas emocionales ante el miedo, la ira, la alegría, la tristeza y alguna más que otra que compartimos sobre la que se está investigando.

Me planteo entonces, como nuestras emociones nos conectan con nuestra parte “animal-corporal”, como nacen de las más puras necesidades de manifestar un estado que “no se puede evitar” y viendo la explosión de Shiva, me planteo también cómo “estallaría” dentro esa energía si la controlamos, o el esfuerzo (tensión) que hay que hacer para controlarla y que es justo lo que solemos hacer, a veces, con lo que sentimos.

Conocer nuestras emociones, ponerle nombre a lo que nos sucede y comprender por qué y cómo nos está pasando lo que nos sucede o como lo bloqueamos inconscientemente, puede ser un primer paso para tener un conocimiento más profundo de nosotr@s mism@s, permitiéndonos experimentar libremente aquello que suele pasarnos desapercibido.




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