Que no te coman la cabeza

  "El precio de la libertad"

Estaba hoy realizando mi paseo matutino, en el que iba ensimismado con todo mi parloteo mental, más bien el concierto de un gran coro que, a modo de mantra, me mantenía "hipnotizado" sin estar presente en lo que estaba haciendo. Y fue entonces cuando, al bajar unas escaleras, esta tremenda frase me despertó del sueño y sacó del trance con un gran zasca, invitándome a que me realizara unas preguntas al respecto:

¿Qué frases o mensajes me "comen la cabeza a mí"? ¿Cuántos mandatos tipo "tengo que, debería, no debería, es bueno, es malo, es mejor, es peor, por tu bien, por el de todos, por responsabilidad..." puedo identificar que me he tragado? ¿Quién me los dijo? ¿Me siguen sirviendo hoy? ¿Los puedo actualizar?¿Soy capaz de transformar en "QUIERO" mis "DEBERÍA"? ¿Cuánto de libre hay en mis actos e incluso en mi forma de pensar?
Entonces, proseguí mi paseo de forma más consciente, reflexionando además sobre los tiempos actuales. Y es que recibimos tanta cantidad de información por parte de los medios de comunicación, de los "que saben", en las redes y desde el entorno social cercano, que es muy difícil distinguir entre lo que surge genuinamente de nuestros propios gustos, convicciones y certezas, y las obligaciones o metas inalcanzables que nos "imponen" haciéndonos creer que es lo que nos conviene o lo mejor para nosotr@s.
Otras nuevas preguntas surgieron a continuación: ¿Qué decisiones nacen libremente de ti y sólo de ti? ¿Cuánto influye el miedo en tu forma de pensar y actuar? ¿Cuánto de ti eres capaz de renunciar para ser aceptad@ por el "grupo"? ¿Qué parte de ti temes mostrar al mundo? ¿Qué necesitas decir o hacer y no te atreves? ¿Te sientes libre?
Una vez más, si quieres y te apetece, te invito a que te contestes tú mism@ a estas preguntas de forma honesta, sabiendo que sólo tú vas a poder ver esas respuestas, dedicándote unos minutos de reflexión para intentar poner un poco de luz en la oscuridad.
Yo me quedo con una moraleja: "Nada ni nadie puede decidir por ti, ni encarcelar tu libertad interior... tan sólo aquello a lo que TÚ le abras la puerta y dejes entrar".

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